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Me gustaría ser encontrada, salvada, quien sabe, al menos vista entre la multitud.

Volver a sentir esa extraña picazón en el estómago, y te miras, pensando qué diablos has hecho mal esta vez. Porque querías intentar estar bien, porque al menos parecía valer la pena luchar con o sin espada contra todos aquellos que se atreviesen a tirarte abajo. Así creía que funcionaban las cosas. Pero las cosas cambian a un ritmo ensordecedor y muchas de esas veces me pierdo, me mareo y vuelvo para empezar de cero. Me canso, estoy cansada, y comienzo a sentir ese miedo de no saber a quien recurrir, con quien hablar. Siento esta picazón y me rasguño el estómago frente al espejo, pensando quien me querrá. No es fácil comprender. Claro que no. Eso lo comprendí cuando todos aquellos que decían entender se fueron y me dejaron sabiendo que al final, la que tenía razón era yo. Hoy mientras lloviznaba, me senté en el centro de la ciudad y vi como fue que se encendía el cielo, se escucha a lo lejos el ruido de el viento y la lluvia cayendo. Más que caer, las gotas de agua golpeaban el suelo, es todo lo que podía escuchar, ese ruido hueco de como toca el suelo o se hunde y formaba un charco. Las luces de la ciudad todas despampanantes, expectantes miraban como la gente se mueve corriendo, buscando asilo. Y otras tantas como yo, nos quedamos en un banco pensando que el mundo puede caerse y yo seguiré allí, con mi vista privilegiada, esperando que alguien quiera acompañarme. Quiero a alguien que me acompañe. Cuando se nubla creo que voy a perder los estribos o directamente, voy a perderme a mi misma entre las nubes que simulan ser arenas movedizas. Solo quería que alguien me abrasara. Lo necesitaba para pasar ese sabor amargo que se me vino a la garganta al pensar que estoy acá sola, y todos mis conocidos acompañados, felices entre sus miserias pero acompañados. Me encontré muchas veces, mirando el cielo, pidiéndole a las estrellas fugaces que me enviasen a alguien que me quisiera, que me cuidase un poco, que me respetase, que me abrace y me besara el alma más allá de mis defectos, más allá de mi cuerpo, de mis cicatrices, de mi mirada. Será que no me pinto. Será que no me visto bien o no lo suficientemente atrevida. Será algo que no se que es, que de pronto no los atrae, o será que no los veo cuando me ven, que no los escucho cuando me llaman, que ya de a poco no los siento cuando me abrazan. Coincide mi apariencia patética ahora, desarmada en la cama, escribiendo esto, escribiendo para desentrañar cual es el misterio o la magia que no tiene lógica, cual será la ecuación para poder ganar el corazón de alguien, o ser considerada verdaderamente por alguien. No soy de las que buscan, me gusta encontrar porque la vida es un hilo de coincidencias, de vidas cruzadas. Quiero coincidir con alguien. Me gustaría ser encontrada, salvada, quien sabe, al menos vista entre la multitud. Es mucho, dicen que pido mucho. O muy simple.

Volver a sentir esa extraña picazón en el estómago, y te miras, pensando qué diablos has hecho mal esta vez. Porque querías intentar estar bien, porque al menos parecía valer la pena luchar con o sin espada contra todos aquellos que se atreviesen a tirarte abajo. Así creía que funcionaban las cosas. Pero las cosas cambian a un ritmo ensordecedor y muchas de esas veces me pierdo, me mareo y vuelvo para empezar de cero. Me canso, estoy cansada, y comienzo a sentir ese miedo de no saber a quien recurrir, con quien hablar. Siento esta picazón y me rasguño el estómago frente al espejo, pensando quien me querrá. No es fácil comprender. Claro que no. Eso lo comprendí cuando todos aquellos que decían entender se fueron y me dejaron sabiendo que al final, la que tenía razón era yo. Hoy mientras lloviznaba, me senté en el centro de la ciudad y vi como fue que se encendía el cielo, se escucha a lo lejos el ruido de el viento y la lluvia cayendo. Más que caer, las gotas de agua golpeaban el suelo, es todo lo que podía escuchar, ese ruido hueco de como toca el suelo o se hunde y formaba un charco. Las luces de la ciudad todas despampanantes, expectantes miraban como la gente se mueve corriendo, buscando asilo. Y otras tantas como yo, nos quedamos en un banco pensando que el mundo puede caerse y yo seguiré allí, con mi vista privilegiada, esperando que alguien quiera acompañarme. Quiero a alguien que me acompañe. Cuando se nubla creo que voy a perder los estribos o directamente, voy a perderme a mi misma entre las nubes que simulan ser arenas movedizas. Solo quería que alguien me abrasara. Lo necesitaba para pasar ese sabor amargo que se me vino a la garganta al pensar que estoy acá sola, y todos mis conocidos acompañados, felices entre sus miserias pero acompañados. Me encontré muchas veces, mirando el cielo, pidiéndole a las estrellas fugaces que me enviasen a alguien que me quisiera, que me cuidase un poco, que me respetase, que me abrace y me besara el alma más allá de mis defectos, más allá de mi cuerpo, de mis cicatrices, de mi mirada. Será que no me pinto. Será que no me visto bien o no lo suficientemente atrevida. Será algo que no se que es, que de pronto no los atrae, o será que no los veo cuando me ven, que no los escucho cuando me llaman, que ya de a poco no los siento cuando me abrazan. Coincide mi apariencia patética ahora, desarmada en la cama, escribiendo esto, escribiendo para desentrañar cual es el misterio o la magia que no tiene lógica, cual será la ecuación para poder ganar el corazón de alguien, o ser considerada verdaderamente por alguien. No soy de las que buscan, me gusta encontrar porque la vida es un hilo de coincidencias, de vidas cruzadas. Quiero coincidir con alguien. Me gustaría ser encontrada, salvada, quien sabe, al menos vista entre la multitud. Es mucho, dicen que pido mucho. O muy simple.

Solo se que el pecho se me aprieta y el corazón me duele.


Llamenlo egoísmo, schizophrenia o lo que se les antoje. Yo soy una persona y también siento, siento como todos ustedes aunque lo anden cubriendo con su orgullo. A mi también me duele que al parecer nadie te diga las cosas de verdad, y te creen expectativas que derrumaban con una sola frase. A mi igual me da celos saber que no soy la única, que por mas que trate entrar en la vida de alguien nunca logro abrir por completo la puerta, y con el tiempo se entrecierra y me desmotivo a abrirla, o intentarlo siquiera. Siempre dije que intentarlo lo era todo, pero yo me canso, me pesa el sentir. Me enferma saber que hay gente que me supera en cualquier ámbito y que con cualquier acto pueden hacer de mi mayor gracia, un simple detalle. Odio saber que soy tan influenciable como usable, que todos no sienten ni el mas mínimo remordimiento en pisotearme y culparme de sus desgracias. Quiero aprender a ser una piedra, a dejar de sentir, a tener un radar que me diga "este no, te traicionara". Quiero que la velocidad del viento se lleve lo malo de mi, que las hojas del otoño al caer me hagan sentir bien conmigo misma. Quiero gritarle a todos lo que mi garganta anudo dentro, y que ahora me esta asfixiando hasta ahogarme. Quiero acariciarme la cara y sentir consuelo, sin necesidad de recordarme que me tengo solo a mi misma. Quiero mirar a la gente y decirme que son hermosas, por dentro y por fuera. Quiero estabilidad emocional, quiero creer que significo algo para alguien, pero de verdad, no pura boca. No se si sentir bronca, pena, rabia o qué.... solo se que el pecho se me aprieta y el corazón me duele. 
 
Solo se que el pecho se me aprieta y el corazón me duele.
 

Me dejaste ir y sólo me quedaron remordimientos.



A ti,

Te deje ir, como al invierno, como a esos sentimientos que duran, como a esos recuerdos que solo se entierran entre lágrimas. Te deje ir para que volvieras cuando quieras, para que lo hagas por voluntad o amor, para que me extrañaras al menos y sintieras lo que siento en tiempos de ausencia. Te dejo ir para que seas feliz, para que sonrías cuando veas salir el sol por el horizonte, para que me hubieses visto volver con el ocaso. Dejarte ir fue todo esto y más. Dejarte ir fue dejar ir una parte de mi que se consolido en tu piel, fue marchitarme en el olvido y renacer de las cenizas de todas aquellos mensajes borrados que algún día fueron poesía en tus oídos y sonrisas en mis labios. Renacer para encontrarte, para que me hubieses conocido otra vez y me hubieras querido como no lo habías hecho antes, para que me miraras a los ojos y al ver a través de mi pudieras sentirte como en casa, para que me notaras, para que hubiese sido especial en tu vida y no una más. Necesitaba verte sonreír, verte feliz, verte, lo que necesitaba era verte. Y no creas que no se como funcionaba todo, sabia que para cuando todo esto pasase, ibas a estar del otro lado del carril en una estación de tren, ignorandome, como si nunca nos hubiéramos conocido, como si se hubiese borrado el tiempo. Y mirarte, mientras te ibas, mirarte y saber cuan imposible resultaba tenerte como aquella vez. y lo desconcertante que era saber que fue un error dejarnos ir, alejarnos uno del otro es y siempre será un error que me quemará la conciencia. Irreversible, un daño sin cura. Te tuve y te deje ir, te vi marcharte sin saber si lloraste al darme la espalda, sin comprender la dimensión de tu dolor, sin querer ver que en verdad no di lo suficiente de mi por ti. Me dejaste ir y sólo me quedaron remordimientos y excusas maltrechas para ocultar la cicatriz en la que te llevo conmigo todos los días, vaya donde vaya, siempre conmigo. Cuando pensé que algo cambiaría, que al menos algo volvería a ser lo que era, no estaba realmente pensando con la cabeza, sino más bien con el corazón.
Asi meses después, todo sigue siendo igual más alla de todos los cambios que haga. Estoy intentando basarme en nuevas experiencias de vida, en quizás nuevas mentiras y engaños que esta vez nadie pueda notar. No me culpen, es un mecanismo de defensa que automáticamente se activa cuando las cosas van lo suficientemente mal. Y no deseo estar así, lo juro, estoy intentando dar marcha atrás o quizás, ir hacia adelante sin darle prestarle atención al pasado. Me autoconvenzo de que intentar vale la pena. Muchas veces me supera saber que nadie realmente crea en mi, pudiendo con todo, estando bien o felíz. Y hablo de alguien que sepa que sucede conmigo, y qué no, no de aquellos que se acostumbraron a verme con una sonrisa en la cara simulando que no pasa nada. Me gustaría que alguien apareciera en mi vida y me dijese que todo va a estar bien y que de hecho, lo crea. No que sea sólo una mentira. Porque cuando no hay nadie teniendo experctativas en uno, es mucho más dificil. Ya no eres solo tu la que no cree en que vas a poder, sino que ya nadie espera que puedas. Y si ya nadie espera que nada cambie, no quedan esperanzas. Que no me vengan a mí con que soy una persona triste, con que todo lo veo negro porque la verdad es que todos me llevan a la misma conclusión. Alguien me demostró que tenía que dejar mis "malos hábitos" atrás por el bien de los demás y por sobre todo el mío. Lo escuché, y aun cuando caí en la cuenta un poco tarde, lo escuché. Y he estado intentando un sin fin de formas para no pensar en eso, en definitiva, intento engañar a mi cabeza con sus pensamientos profundos para que deje de pensarlos. Distraerla por el momento para que olvide, para que invente ella el término olvido y pueda borrar todas las heridas. Por un momento, creí que comenzaba a surtir efecto, quiero creer que mis esfuerzos están ayudando a la situación y están sacándome del pozo negro en el que estaba. Y no se en quien confiar. Ahora, si bien todos me quieren ver sana y sonriente, ellos mismos buscan un motivo por el cual mis esfuerzos por estar bien dejen de valer la pena. Y todo relativamente, de un minuto a otro, luego de escuchar esos pequeños e insignificantes comentarios hirientes que me dedican con todo su afecto y cariño, seria y entendiblemente de mi parte comienzo a querer mandar todo bien a la mierda. No necesito ahora a alguien que me diga que no soy y debo ser, estoy cansada de escuchar a todo el mundo reclamarme cosas, pedirme que sea así o asá. Soy como soy, si te gusta bien y sino, también. Tu me cambiaste, no lo niego, pero no quiero seguir siendo alguien que no quiero ser.

MaryM.

Me dejaste ir y sólo me quedaron remordimientos.

Esto es Un Adios Definitivo.


                                                                                                                  5 de Febrero, 2017



Mi ultima carta para ti.



Sabes, a veces uno se cansa de rogar. Y yo, no soy así. Llegastes a mi vida y me hicistes sentir que tenia la oportunidad de volver a querer. Los dos estamos buscando cosas diferentes, tu con quien pasar una noche, y yo con quien pasar el resto de mi vida. Ya no te jodo mas. Gracias por lo que compartimos....Esto es Un Adiós Definitivo.                              

         
                                             MaryM 


Esto es Un Adios Definitivo.

Y la soledad sigue asaltándome los ojos.


A mi la soledad me esta matando.
No podría escribir mis sentimientos ni en prosa, ni en versos. No me gusta la retórica y la métrica no es mi estilo. Creo que mis sentimientos son mas libres y mas complejos, no quiero embellecer un sentimiento que me destruye cada día. La Soledad no es bella ni siquiera por elección. Ella te mata, te consume, te asfixia, te hace tomar decisiones que no son correctas. Yo nunca podría ponerle música ni embellecerla con palabras porque ella solo me hace llorar y el llanto no tiene colores. Las lagrimas son demasiados trasparentes para dibujarlas de rojo o azul.
Como buena lectora que soy me encontré con un libro de poemas que me presto una amiga de una escritora para mi hasta hoy desconocida Odaliz De Leon donde leí una frase que me llego al alma. Y es que todos expresamos nuestros sentimientos de una manera diferente. A Odaliz le gusta la poesía y es buena haciéndole yo nunca podría porque lo que llevo dentro tiene hasta faltas de ortografía. Y dice ella en su libro: " Y la soledad sigue asaltándome los ojos." en eso coincido con ella pero yo nunca la hubiese descrito tan sutil a mi la soledad me esta matando. Espero conocerte algun dia Odaliz.
MaryM.